Sputnik VIP: solo la punta del iceberg

  • Lunes, 22 de Febrero de 2021 | Locales

POR EDUARDO N. CARBONI

Siempre se puede estar peor. Al flamante exministro de Salud, Ginés González García, se lo reconoce como prestigioso médico sanitarista, para algunos, heredero de la estirpe de Ramón Carrillo, aquel ministro de Salud de Juan Domingo Perón, cuya gestión se caracterizó por priorizar el desarrollo de la medicina preventiva y la organización hospitalaria, pero que terminó con el General pidiéndole la renuncia, como hizo con varios dirigentes de su riñón, que empezaban a alumbrar con luz propia.
Miembro del gabinete de lujo de Alberto Fernández –que lo definió como 'el mejor ministro que puede tener la Argentina, es el hombre que más sabe de salud pública'–, en su balance la columna del debe es mucho más extensa que la del haber. Cuando todo hacía presumir que con un sanitarista a la cabeza de Salud, la pandemia en la Argentina se encontraría con buenas respuestas y coherencia desde el Estado, GGG tropezó con prácticamente la totalidad de las piedras que se encontró en el camino.
No está muy claro por qué luego de decidir aplicarse la vacuna Sputnik V –con la que tenía ciertos reparos–, Horacio Verbitsky,  salió a vociferar que para eso se puso a averiguar dónde hacerlo, entonces  llamó a su viejo amigo, Ginés González García, a quien conoce desde mucho antes de que fuera ministro. Le dijo que tenía que ir al hospital Posadas. Cuando estaba por ir, recibió un mensaje del secretario de Ginés, que le dijo que un equipo de vacunadores del Posadas iría al Ministerio y que fuera allí a darse la vacuna.
Inmediatamente, la lógica repulsa estalló en las redes sociales, charlas cotidianas varias y medios de comunicación en su casi totalidad. Y no era pa'menos. El bien definido por Mónica Gutiérrez como periodista en jefe del cristinismo, dijo, derecho viejo, que el ministro de Salud hacía vacunar a sus gomías, y allegados a estos, en el mismísimo Ministerio recuperado del desastre macrista, sin que hiciera falta reunir los requisitos necesarios, empezando por el de sacar turno, cosa que hace cualquier argentino común y corriente, sin los contactos para evitar la espera correspondiente a la gilada.
Pero en verdad, ¿a alguien le resulta anormal que en la Argentina esto pueda ocurrir? Tal vez alguno guardaba la esperanza de que la hijoputez no llegara al operativo de vacunación contra el covid-19. No fue así. No es así.
El problema no pasa por el vacunatorio VIP porque pudo haber ocurrido en cualquier otro ámbito, lo terrible está en estas prácticas como sistema, en la soberbia de quienes ostentan el poder considerando que eso les permite hacer lo que se les canta, sin pedirle permiso ni disculpas a nadie.
Lo que en este asunto genera tanto quilombo es que se trata de una forma de ejercer el poder. Hoy, es un sector con privilegios para acceder a la vacuna, como lo es para otras tantas cosas, mañana puede serlo por otros motivos, como sucedió ayer y antes de ayer, solo que esta vez se hizo público, gracias al sentimiento de soberbia e impunidad de un oscuro personaje como Horacio Verbitsky. Y mientras en cada discurso se pone a los trabajadores, los pobres y los desposeídos en primer lugar, cuando llega la hora de la praxis, lo primero que hace el autor del encendido relato nac & pop es ponerse a salvo antes que el resto de la humanidad, galopando sobre las cabezas de los supuestos destinatarios de su presunto altruismo.
Como nunca antes, Verbitsky recibió duras críticas de gente de su propio palo; como nunca antes, hay que repetirlo. "Perdónenme, yo lo conozco mucho, y estas actitudes así, yo creo que hay que investigarlas. No lo condeno, pero investiguen por qué ha sucedido esto. Pongo el ojo en por qué Verbitsky lo hizo público de manera escandalosa. Hay algo que me huele mal", dijo Estela de Carlotto, presidente de Abuelas de Plaza de Mayo.
"¿Vos te creés que no lo hizo a propósito? Si a mí me llaman a un lugar así, no voy. Depende de uno", manifestó la presidente de Madres de Plaza de Mayor, Hebe de Bonafini, que también se la agarró con GGG: "Yo no lo quiero nada al ministro. Es de los que no funcionan".
"Es una inmoralidad que con 50.000 muertos haya vacunados VIP. Es inmoral quien lo autorizó y quien se vacunó. Aquí no hay inocentes. Y alguna opereta atrás seguro habrá", dijo el periodista ultra K, Roberto Navarro, y rajó al autor de 'Robo para la corona' de El Destape Radio.
En las tres declaraciones se pone casi en primer plano alguna operación política destinada a echar fuego en alguna interna en el poder, de esas que están a millones de años luz de la gente, sus necesidades e intereses. ¿Puede ser posible? Sí lo es en la dimensión política argentina, en la que si se piensa mal, generalmente se acierta, o por lo menos esa es una creencia lo suficientemente generalizada como para certificar que, como país, hace rato que no estamos yendo al carajo.
¿Puede estar ajeno Alberto Fernández a este tipo de prácticas de privilegios? O mejor sería preguntar: ¿Puede un presidente de la Nación estar ajeno a estos manejos, sobre todo en el ámbito de sus más cercanos colaboradores?
No es un hecho aislado que se le ocurrió en un momento a GGG para ser gentil con sus amigos. Sobran las denuncias sobre funcionarios kirchneristas y jóvenes militantes de La Cámpora, intendentes, empleados públicos, y militantes oficialistas sin problemas de salud vacunados. En tanto, abundan los trabajadores esenciales que aún no pudieron acceder a este derecho.
'Nunca pensé que lo que estaba haciendo era ilegal', argumentó el diputado nacional y exembajador ante la Santa Sede, Eduardo Valdés, y de eso se trata exactamente: nunca piensan que lo que están haciendo es ilegal.