Una historia que debe sensibilizar

  • Viernes, 24 de Julio de 2020 | Regionales

Publicado en HoyChivilcoy

Faltaban solo 24 horas para la intervención que el médico cirujano, Fabián Marín, tenía programada realizar en el Hospital Municipal de Chivilcoy, el magnífico establecimiento asistencial de la ciudad, donde diariamente hombres y mujeres luchan a brazo partido contra el coronavirus y todas las adversidades de salud que se presentan.
Todo estaba listo para la operación: quirófano, personal, instrumental. Pero había un detalle no menor, que estaba ausente. Su presencia era absolutamente necesaria; imprescindible. No había una sola gota de sangre para transfusión, para llevar adelante la práctica médica.
El elemento faltante no se compra con dinero por licitación pública o contratación directa. No depende de la voluntad o de la billetera de ningún funcionario. Sale de las entrañas mismas de la comunidad, de su propia gente, de la solidaridad, ese valor tan preciado y necesario.
Los reiterados pedidos de las autoridades, últimamente no tuvieron el eco deseado y la falta de donantes devastó el Banco de Sangre de nuestro Hospìtal.
La pandemia hace su juego macabro y el pánico al contagio impide que los voluntarios acudan a donar.
El médico Marín no se rindió frente a la realidad que se le presentó. 'Vengo del Hospital. No hay sangre. Nada de nada. ¿Saben por qué? Porque somos egoístas. Ojalá nunca necesitemos. Doná'.
Con este crudo relato, hizo catarsis en la red social Facebook, estimulado por el amor propio que empuja sin límites la pasión de curar.
En una mezcla de bronca, indignación y tristeza, pero sin doblegarse en sus fuerzas, el médico siguió liberando sus emociones.  'Mañana tengo una cirugía de urgencia y no tenemos sangre. Nadie dona. Seguramente ninguno pasó ese amargo momento, en el que se juega entre la vida o la muerte, cuando necesitamos sí o sí, sangre. Imaginá un accidente, en el que esté tu hijo involucrado, o tu padre, o vos, y no podamos ayudarte, porque no tenemos ese elemento vital. Vamos a hacer todo, vamos a dejar nuestra vida ahí, pero no alcanza. Necesitamos de tu sangre'.
Las palabras de Marín también contenían un ruego: 'No pases por alto este pedido, por favor. Tomemos conciencia. Doná sangre'.
La respuesta fue instantánea: más de treinta vecinos fueron al Hospital a donar su sangre y se superó la operatividad.
'La cirugía se hizo, pero entiendan: no se trata de este caso en particular, se trata de nuestro Banco de Sangre, en el que la falencia por falta de donantes voluntarios, hace que corramos peligros innecesarios', dijo el Marín.
Los hechos ocurrieron hace solo 48 horas. Es una historia más, con final feliz, de las tantas que cotidianamente suceden en el Hospital de Chivilcoy, que conmueven, emocionan y deben sensibilizar.
Merece ser contada con un único fin: despertar la solidaridad de todos los chivilcoyanos, apelando a la donación permanente, para que el Banco de Sangre de nuestro querido establecimiento recobre la vida que nunca debió perder.
Si el Banco del Hospital tiene sangre, tiene vida, hay esperanza. Ese es el motor que debe movilizarnos, tal vez, para que algún día, otros médicos –como Fabián Marín– puedan salvar nuestra propia vida, desterrando la palabra 'egoísmo' de nuestra comunidad.