Antivacunas: la soberbia con pies de barro

  • Lunes, 17 de Enero de 2022 | Locales

Maurizio Buratti fue un italiano ferviente antivacunas que propagaba sus nobles ideales en el programa 'La Zanzara', que se difunde en Radio 24, una emisora italiana dedicada principalmente a las noticias.

Tenía 61 años, se lo conocía como Mauro de Mantua y llevaba dedicado los últimos tiempos en una cruzada antipandemia, que incluía campañas contras las medidas sociales del gobierno italiano para combatir el covid-19, asistía habitualmente a las protestas contra las medidas para frenar el coronavirus y era un feroz oponente del Green Pass, un pase sanitario reforzado que obliga a todos los trabajadores de Italia a vacunarse o mostrar evidencia de anticuerpos covid-19.

A principios de diciembre empezó a sentirse enfermo y llegó a tener 38 grados de fiebre. Como para reforzar su lucha, salió de su casa y fue a un supermercado sin barbijo, tras lo cual se jactó, irónicamente, de ser un 'esparcidor de la peste'.

Acostumbraba a justificar su conducta diciendo que estaba defendiendo la Constitución y rechazó una prueba PCR porque creía que los hisopos causaban el virus. También aseguró que abandonaría Italia para asilarse en Corea o Turquía y así evitar verse obligado a vacunarse.

Buratti fue empeorando y cuando le quedó bien claro que su resistencia no lo conducía a un buen final se presentó en un hospital de Verona, a una hora de su ciudad, porque 'en Mantua los médicos son todos comunistas'.

Padecía una neumonía bilateral por covid-19 que lo mató el 30 de diciembre.

Gente que piensa y razona como Buratti abunda. No son exactamente los únicos y mayores responsables del esparcimiento del covid-19 por todo el planeta porque en primer lugar están los conscientes de la gravedad de la situación y no niegan la pandemia, pero viven como si nada les fuera a suceder, ni a ellos ni a los demás. Pero quienes actúan como Buratti lo hacen desde un argumento presuntamente científico que jamás presentan con pruebas reales y contundentes. Más aún, su discurso está plagado de manipulaciones de la información, amoldadas a su conveniencia y circunstancias.

Un diabético de estas creencias lee en Facebook que la Universidad de Vayaunoasaberdondecarajoshire reportó la muerte de un polaco enfermo de diabetes, tras haberse vacunado contra el coronavirus, le bastará para considerar que las vacunas tienen un índice de letalidad del 108 por ciento.

Toda muerte que se le adjudique a la vacunación les sirve para descalificarla sin dudarlo. Datos que avalen la presunta información con números, opiniones científicas de científicos probados, avales de entidades comprobadamente especializadas, son ignoradas cuando no denostadas, a cambio de ir tras la verdades de dudosos personajes que, algunos de ellos, insisten en que la Tierra es plana y que escabiar lavandina previene la magnificada gripe llamada covid-19.

No hace falta profundizar demasiado para encontrar un punto común entre los antivacunas del mundo: su estrecha cercanía –cuando no su adscripción– a grupos políticos o líneas claramente de derecha o ultraderecha.

La coronita de Nole

"Personalmente, me opongo a la vacunación y no quisiera ser obligado por alguien a vacunarme para poder viajar", dijo en abril de 2020 Novak Djokovic, el tenista número 1 del mundo, que en estos momentos atraviesa una conflictiva situación en Australia, ya que el gobierno le negó la visa de entrada para poder ingresar a ese país, a donde viajó para intervenir en el tradicional Abierto que forma parte del Grand Slam.

Primero fue detenido, luego liberado y más tarde, el tenista admitió que había incumplido con las reglas de confinamiento establecidas por el gobierno de Serbia, además de haber incluido información falsa en un trámite migratorio al entrar al país. Entonces, el gobierno australiano volvió a cancelarle el visado y al cierre de esta edición intentaba darle alguna solución al culebrón intercontinental

Serbia tuvo un papel protagónico en la guerra producida en la exYugoslavia, que determinaron la total desintegración del ese Estado. Hoy no es un país que se caracterice por sus grandes libertades individuales, sino más bien, todo lo contrario.

Con el caso Djokovic-cavid-19, el asunto tomó un alto vuelo, dicho en argentino: en Serbia se fueron todos al carajo.

"Mi hijo ha estado en cautiverio esta noche, pero nunca ha sido más libre. A partir de hoy, Novak se convertirá en un símbolo y líder del mundo libre, en el líder de los países y pueblos oprimidos. Demostró que incluso un país pequeño y heroico como Serbia puede tener al mejor deportista de todos los tiempos. Esto no se puede ocultar. Pueden encarcelarlo hoy o mañana, pero la verdad siempre encuentra su camino", fueron las palabras de Srdjan Djokovic, padre de Nole.

El presidente serbio, Aleksandar Vucic, dijo que contra el número uno del tenis mundial "se lleva a cabo una campaña política, con el primer ministro australiano (Scott Morrison) al frente".

Djokovic está en todo su derecho de no vacunarse, como quienes lo cuestionan lo están al levantar su voz cuestionándolo. No parece ser real que esta altura de la gran tragedia de la pandemia las discusiones se planteen en estos términos. El tipo en uno de los más reconocidos deportistas del mundo y es referente de mucha gente, sobre todo jóvenes. Si hoy el covid-19 no conserva la tremenda letalidad del principoo, ¿no será porque las vacunaciones masivas han tenido alguna influencia? ¿Pesan más las cifras oficiales del mundo que las informaciones poco fundamentadas de las redes sociales? ¿Por qué ponen en total duda un firme de la OMS a la vez que se le otorga total veracidad a la opinión de uno que parece hablar luego haberse golpeado la cabeza debido a que se cayó mientras caminaba al borde del límite de su Tierra plana?

La globalidad al palo.

Por Eduardo Carboni