'La cuarentena estricta no puede ser indefinida"

  • Domingo, 30 de Agosto de 2020 | Locales

POR EDUARDO N. CARBONI

nLa primera entrevista que el médico chacabuquense, Fernando Villarejo, jefe de Terapia Intensiva del Hospital Posadas, concedió a De Hoy fue publicada el miércoles 13 de mayo, cuando la pendemia empezaba a llegar a la Argentina. Tres meses y medio después, con el covid-19 buscando su pico máximo, el destacado profesional da un nuevo panorama de la situación, desde el corazón del conurbano bonaerense.

'Cuando hablamos anteriormente –dice–, solo había un puñado de casos en todo el país y hoy hay cientos y cientos de pacientes. La cuarentena estricta inicialmente solo fue en ese momento, ahora ni siquiera se la puede llamar así, porque en el Gran Buenos Aires la gente transita hace meses como siempre. Lo que estamos viendo ahora es la replicación del virus. El virus es absolutamente infectante, tiene una gran infectividad y estamos viendo sus consecuencias: tenemos centenares de casos. Lo bueno de esto es que la mortalidad, no se sabe bien por qué razón, si es una cuestión geográfica o genética, es menos agresiva. Hay un porcentaje menor de pacientes graves respecto del número de infectados, por lo tanto tenemos más posibilidades de tener menos muertos. La tasa de letalidad sería menor. Eso se le podría atribuir a la falsa cuarentena, que ya es una bobaliconada, que nos ayudó inicialmente a que los casos en vez de verse en cuatro semanas, se hayan visto en cuatro meses'.

'En otro aspecto –agrega–, nos ha dado más tiempo para investigar y sacar conclusiones respecto a algunos fármacos y algunas estrategias que al principio pensábamos que servían y después nos dimos cuenta de que no servían para nada, y poder generar una mayor experiencia en más tiempo, respecto a cómo se trataban específicamente esos pacientes. Esas son las diferencias esenciales con respecto a los primeros días en los que veíamos el horizonte, al que ahora hemos llegado. Los casos van a ser más, creo que todavía no hemos llegado al pico y esperemos que podamos afrontarlo correctamente. Hay muchísimo trabajo, pero hasta ahora no nos ha superado; hemos incrementado el número de camas y los recursos humanos. En este punto, tenemos mucha gente enferma porque el personal de Salud es uno de los más afectados, pero en general la situación no se ha desmadrado y la hemos podido enfrentar con dignidad y con eficiencia'.

–Descartados varios tratamientos utilizados en los inicios, ¿a cuáles están recurriendo ahora?

–De eficiencia probada no hay absolutamente nada. Hay algunos trabajos que están haciéndose y todavía no hay conclusiones definitivas. El plasma de convaleciente parecería ser algo que puede ayudar en el paciente que está más grave y tiene una evolución del inicio de los síntomas hasta los cinco días, no más; darlo pasado ese tiempo, parece que no es eficaz. Y después algún desinflamatorio específico, como los corticoides. Todas las demás cosas no tienen demostración probada, por lo menos hasta hoy. Se han utilizado algunos antivirales, de los cuales hasta ahora no hay conclusiones definitivas, inmunomoduladores, que tampoco, y todas las drogas que utilizábamos inicialmente, las hemos descartado porque no han demostrado ninguna eficacia. También se había referido el uso de anticuerpos monoclonales antiinflamatorios, como el tocilizumab, en pacientes que tienen procesos inflamatorios sistémicos muy, muy importantes, pero la misma industria que produce este medicamento (Roche), ha sacado una información diciendo que no es eficaz y que ella misma no lo recomienda para el uso en estos pacientes. En definitiva, hay dos cosas que podrían utilizarse con menos riesgos: los corticoides, con diez días de tratamiento para los pacientes más graves, y el plasma de convaleciente, siempre y cuando se utilice en la primera semana desde el inicio de los síntomas.

–Primero aparecieron las conspiraciones protagonizadas por Donald Trump, los chinos, Bill Gates, la OMS, etc., ahora el dióxido de cloro. Al no tener una base científica seria, ¿qué peligros entraña consumirlo?

–Estos son los problemas cuando hay una pandemia de estas características. Al no poder dar la comunidad científica una respuesta categórica respecto de la disponibilidad de algún fármaco o de alguna estrategia valedera, la gente empieza a hacer cualquier cosa, y entre esas cosas están este tipo de fórmulas, como el dióxido de cloro, que no ha demostrado absolutamente ningún beneficio ni ninguna eficacia, para nada, ¡para nada! Y sin embargo algún grupo de fundamentalistas decidió viralizar su uso. El riesgo está especialmente en la concentración porque parece ser que tiene algunos efectos tóxicos importantes. Cuando la ciencia no da respuestas, empieza el esoterismo, y dentro de esto están todo este tipo de fórmulas mesiánicas y mágicas que no solo no tienen ningún efecto beneficioso, sino que pueden ser peligrosas. Hay que reducir la ansiedad y esperar que la comunidad científica se expida por una vacuna, de algún evento al tratamiento, etc., pero no hay otra alternativa. Al dióxido de cloro no lo recomendaría para nada, es simplemente una fantochada, pero como no hay ninguna cosa probada que sea eficaz, la gente va a tomar agua con limón.

–En nuestra ciudad se han dado casos de personas de 80 años, con enfermedades respiratorias crónicas que contrajeron covid-19 y se recuperaron sin mayores complicaciones, a la que vez que otra de 43 años debió pasar diez días en coma en terapia intensiva, ¿eso significa que tampoco que está determinado a quiénes afecta más?

–La enfermedad claramente tiene una predisposición a infectar a algunos pacientes con riesgo, en especial los de riesgo cardiovascular o con diabetes u obesidad. Son los que tienen más posibilidades de andar mal. No obstante, nadie sabe bien por qué -creemos que tiene que ver con algunos receptores celulares-, este tipo de pacientes tiene una predisposición que sería como la cerradura de una puerta a la que el virus puede destruir y acceder más fácilmente, respecto de otros que no la tienen y presentan una evolución diferente. Nadie lo sabe a ciencia cierta, lo que sí queda claro es que la reserva funcional puede tener que ver; el paciente joven que requiere un respirador y está en terapia intensiva diez días, tiene más posibilidades de andar bien que la persona de 80 en esas mismas condiciones. En este último caso, son pacientes con más riesgo de complicarse para salir del ventilador una vez que se atenuó la enfermedad, Hay una serie de variables que influyen, pero lo cierto es que la enfermedad es claramente infectante. La mayor parte de la población se infecta y después, por los mayores factores de riesgo de cada uno, hay algunos que hacen una enfermedad más leve y otros, más grave. Dentro de estos últimos está la reserva funcional, que es la capacidad que tenemos cada uno de nosotros de adaptarnos y de salir bien de una enfermedad grave. El tipo musculoso que hace deportes tiene más posibilidades de andar bien que el viejito de 90 años que está todo el día en la cama'.

'La gripe, anualmente mata en la Argentina a 10.000 o 20.000 personas –señala Villarejo–; no aparece en ningún lado, pero la gripe estacional mata a ese número de personas. Esto (el covid-19) es una gripe epidémica, para la cual no hay vacuna, y que también tiene su predisposición y mortalidad, pero la gripe siempre es una enfermedad grave. Lo que pasa es que la infectividad es muy alta y la tasa de letalidad es baja, en cada epidemia de gripe se infecta la mitad de la población y si hacés una consideración respecto de eso, los que se mueren son 10.000 personas, que tampoco es poca cosa. Si el virus es muy infectante, aunque el porcentaje de pacientes que hacen enfermedad grave sea pequeño, si hablamos de toda la población de la Argentina, a lo mejor estamos hablando de que se mueren 50.000 personas. Parecería ser que la letalidad en los diversos países es diferente y nadie sabe bien por qué, si es por una cuestión geográfica, genética o por las medidas epidemiológica o sanitarias que se han tomado. La Argentina, con los mismos infectados que muchos países del mundo, tiene una tasa de letalidad inferior. Algo que se viene investigando en estos meses es que el virus es poco agresivo. No es el virus el que mata o el que produce una gran reacción inflamatoria, sino que es la particular predisposición de cada paciente a responder inmunológicamente al virus. Supongamos que el virus es un perro que atraviesa una cerca y uno le tira cañonazos. Rompe el cerco, rompe la casa del vecino, hace explotar la manzana y genera un conflicto impresionante. Esa es la predisposición que cada persona tiene para responder al virus con una respuesta inflamatoria exagerada, lo que produce la enfermedad grave. Y todavía no sabemos por qué razón algunos responden de esa manera y otros prácticamente dejan pasar al virus, en este caso al perro, por todos lados, sin preocuparse demasiado.

–¿Qué se puede prever para el futuro con el covid-19?

–El que te diga que tiene la respuesta te está mintiendo, nadie sabe lo que va a pasar. Yo te puedo plantear varios escenarios; me parece que en el futuro cercano tenemos que llegar al pico y ver cómo salimos después de eso. Vamos a tener una gran cantidad de pacientes por un par de semanas, con muchos de ellos graves. Después, progresivamente, creo que se irá atenuando el impacto infectivo como ha sucedido siempre. Todas las veces que en la historia de la humanidad hubo pestes, se atenuaron, la humanidad no desapareció por las pestes. Hasta que no salga la vacuna, habrá que mantener distancia social y cuidarse mucho. La capacidad infectiva del virus, como está pasando en el AMBA va a disminuir; el famoso índice RS es de alrededor de 1 o más bajo, o sea que una persona infecta solo a una, mientras que hace cuatro meses uno infectaba a diez. Habrá que ir conviviendo y con la vacuna aún no se sabe qué va a pasar, si será o no eficaz y si habrá que repetirla anualmente, como sucede con la gripe, en la que el virus muta y es necesario aplicársela anualmente.

–¿Qué debemos hacer para cuidarnos y como debe ser el aislamiento social?

–La cuarentena estricta no puede ser definitiva, indefinida; no puede serlo de ninguna manera porque por definición la gente se cansa. La cuarentena puede durar cuarenta días, como inicialmente se consideró, pero no más que eso. En el AMBA, por lo menos en la ciudad de Buenos Aires, se cumplió estrictamente en los primeros veinte días. En el Gran Buenos Aires fue muy errático, no se cumplió. Por una cuestión de densidad poblacional, los casos en el Gran Buenos Aires sextuplican a los de la Capital Federal. Dicho esto, te digo que en la medida que no haya vacuna y que no exista ningún tratamiento eficaz, tendremos que convivir con este virus sin cuarentena y con distanciamiento social, esto es que cada vez que haya una relación entre dos personas se trate de mantener la distancia mínima de 2 metros y que todos usemos tapabocas. Esto es lo que llegó para quedarse. Y algunas actividades sociales habituales que teníamos, por ahora van a estar perimidas.