El eternamente vigente factor experiencia

  • Domingo, 16 de Agosto de 2020 | Locales

POR EDUARDO N. CARBONI

nTras unos primeros momentos de aislamiento social preventivo y obligatorio en lo que el trabajo brillaba por su ausencia, los talleres volvieron a la normalidad, no solo en su rutina, sino también en la cantidad de trabajo.

'Nosotros respetamos la decisión del Intendente, de cerrar los talleres, pero llegó un momento en el que había necesidad económica', explica a De Hoy Héctor Aldo Monacci, reconocido mecánico de nuestra ciudad,

'Nos juntamos un grupo de mecánicos, fue uno al frente y habló con el Intendente, con el secretario de Gobierno y con Maximiliano Felice. Pedimos que nos dejaran abrir porque un taller no es un lugar de máxima concurrencia, no se junta gente como en una farmacia o un almacén, a lo mejor van diez personas por día. La dificultad se presenta en que en los talleres a veces hay ruedas de mate, cosa que es posible evitar, y que hay que evitar. Aunque es una costumbre que se está perdiendo porque se  necesita laburar, no podemos perder una hora tomando mate'.

En un principio se trabajó a puertas cerradas, lo que no representó una gran dificultad, Desde hace tiempo trabajamos utilizando el celular, hoy estamos todos conectados. Muy poca gente llega hoy al taller sin avisar', comenta.

'De los mecánicos que yo conozco, todos respetamos bien los protocolos –agrega Héctor Aldo–. Si hay alguien que no lo hace..., cada uno es responsable de sus actos y sabe cómo se tiene que comportar. Si te están diciendo que estamos luchando contra un virus para el que todavía no hay vacuna, lo mínimo que podemos hacer es cuidarnos. Yo tengo un atomizador y todo lo que toco, lo sanitizo'.

Respecto de la cantidad de trabajo en estos momentos de cuarentena, manifiesta: 'Estamos como si no pasara nada, hay un montón de laburo. El menor uso del auto se nota en la venta de combustible. Hay gente que le echaba unos 3.000 pesos por semana y ahora le pone 3.000 por mes. Pero al auto un mantenimiento mínimo le tenés que hacer. Al principio y durante dos o tres meses se había frenado muchísimo. Hablé con colegas y estábamos todos desesperados. Yo en todo un mes hice un cambio de aceite, y al alquiler lo tengo que pagar igual, pero estar, hay que estar. La gente viene por las mismas roturas normales de siempre'.

Más que las limitaciones que impone el aislamiento social, lo que se hace sentir es la situación económica. 'Estoy reparando una Scenic diesel a la que se le cortó la correa. La tapa de cilindro cuesta 11.000 pesos; los repuestos, 14.000, y la mano de obra 12.000. Sacá la cuenta. Un auto que estaba andando, si se le hubiera cambiado la correa en su debido momento, te ahorrabas 25.000. Pero la situación económica afecta muchísimo; tengo dos o tres clientes que me dijeron que hasta que tuvieran la plata no hacían el arreglo. Con 15 lucas hacés un recambio de correa; si se te rompe el motor, gastás 40.000. El tipo que es consciente prefiere dejar el auto guardado antes de usarlo sin necesidad. Chacabuco no es la Capital Federal, te podés manejar en moto o en bicicleta'.

Mecánicos siglo XXI

Con las nuevas tecnologías han aparecido, internet mediante, los tutoriales. A través de ellos, no son pocos los que se han atrevido a lanzarse como mecánicos.

–Un mecánico que se maneja con tutoriales, ¿se puede equiparar a otro con práctica y experiencia en el oficio?

–Ahí está el punto, en la experiencia. Yo te puedo explicar a vos cómo se cambia una pastilla de frenos y vos vas y la cambias. Ahora, si dentro de un mes el auto tienen el mismo problema, ¿qué vas a hacer? Volvés a cambiar la pastilla de frenos. Lo que tenés que saber es por qué se gasta prematuramente y ahí es cuando juega la experiencia. Y así pasa con cualquier otra cosa. Vos mañana venís a trabajar conmigo y yo te explico la mecánica de procedimiento para reparar un coche, pero vos tenés que preguntarte por qué pasan las cosas. Todo tiene un por qué y es ahí donde juega la experiencia. Lo importante es que un auto sea seguro; seguro, confortable y que vos tengas la garantía de que puedas ir a Buenos Aires y volver sin ningún tipo de problemas. Esa es la idea del mantenimiento y la reparación, que la plata que vos le pongas luzca, que no tengas que ir todos los días al taller porque se te gastan las pastillas de freno y no sabemos cuál es el problema de base. Ahí entra a jugar la experiencia. En todos los órdenes de la vida es así.

'El de los tutoriales es un tema inquietante –añade–, aunque a mí no me preocupa. En realidad, cuando vas a un médico, un mecánico o un odontólogo, elegís por la confianza. Si tenés confianza en esa persona, ya está, que haga lo que quiera, que te saque la muela, que la vuelva a poner… Como creo que tengo una trayectoria equilibrada, tengo trabajo.

Socializar                        el conocimiento

'A mí me ha llamado gente con mucha más experiencia en la mecánica que yo para ver si podía ayudarle a solucionar un problema –continúa diciendo– y eso me hace sentir un cachito orgulloso. Transmitir un conocimiento, es importantísimo, hay que transmitirlo, no se puede guardar, las cosas se construyen de abajo hacia arriba y debemos tener un conocimiento amplio. Vos podés tener la orientación filosófica o religiosa que quieras, pero hay un punto en el que todos tenemos que concluir que es la sociedad. ¡Ojo!, yo también pregunto; cuando me enredo un poco, consulto y  comparto conocimientos'.

'En todos los órdenes de la vida, todos los días aprendés algo, todo el mundo aprende algo. Lo más valioso que nos han dado es el poder escuchar. ¿Por qué aprendíamos en la escuela secundaria? Porque escuchábamos al profesor, esto es lo mismo. Nunca terminamos de aprender'.

'Siempre me gustó la mecánica. Fui de mecánico a bulonero, de bulonero a mecánico –recuerda–. Trabajé muchos años con Luis Minervino en los autos de carrera, armamos varios autos nuevos. Con el que más aprendí fue con Cacho Minervino, el padre de Patita, fue el que más me enseñó. La experiencia te va dando conocimiento hasta de cómo tratar con la gente. Soy fanático del buen trato; no me gusta discutir por plata ni por laburo. Si un trabajo salió mal, vení que te lo hago de vuelta, no hay ningún problema. Y por plata no discuto. ¿No me querés pagar?, no me pagues. Doy vuelta la página, lo mando a las pérdidas y se acabó. Me pasó, en la crisis de 2001, que me sentaba a tomar un café y veía autos pasar: me debe 8.000, 3.000, 5.000, 4.000, y yo tomando un café…, fiado'.