El Presidente en un laberinto al que no debió entrar

  • Domingo, 11 de Febrero de 2024 | Locales

Descontando ya que no hace falta aclarar que no es Javier Milei el responsable de la catástrofe económica, social y política de la Argentina, el tema de hoy es el estrepitoso fracaso en el que se convirtió, en cuestión de horas, lo que se esperaba como el primer gran triunfo de la presente gestión liberal. 

Y en este punto de hace indispensable que se diga de una vez por todas que, en el idioma español, libertario significa 'en el ideario anarquista, que defiende la libertad absoluta y, por lo tanto, la supresión de todo gobierno y de toda ley'. Un libertario por excelencia amasaría a trompadas a quien acerque mínimamente a Javier Milei a esta definición. Lo eran los integrantes de la FORA, los trabajadores protagonistas de la Semana Trágica y la Patagonia Trágica, pero de ninguna manera Milei que sigue utilizando la definición choreada y tergiversada.,

El presidente de la Nación creyó que haber obtenido el 55,65 por ciento de los votos del balotaje –que no es lo mismo que el 55,65 por ciento de los argentinos– le adjudicaba el derecho de hacer lo que se le cante, un concepto manejado por lo más ortodoxo de la casta que denunciaba (o algo así decía hacer). La soberbia no es exactamente un síntoma de inteligencia y mucho menos si está contantemente enmarcada en esperpénticos contextos y conductas.

Estaba cantado que de ninguna manera le bastaría con el 55,65 por ciento de los votos de un balotaje, si no cuenta con ningún gobernador o intendente, ni mayorías en el Congreso Nacional, las legislaturas provinciales y los concejos deliberantes.

Para que se apruebe la Ley Ómnibus debió negociar y ahí fue el principio del fin, porque si bien su espacio político se nutrió de varios expulsados –o integrantes fracasados– de la casta, la gran mayoría está muy verde para estas lides políticas. Y no se trata de roscas inconfesables –o confesables, depende de si el rosquero se jacta o no de su condición de tal–, sino de sentido común. Si querés el apoyo de los gobernadores, no podés dejarlos casi en pelotas. Si van a ir a la sesión decisiva, no hay forma de ser exitoso si no hay certezas de que se cuenta con el apoyo necesario. Así le fue.

Al gobierno nacional le llegaron decenas de propuestas como para atenuar el mamotreto que pretendía imponer. Si bien hay puntos de la ley en los que se puede coincidir, las facultades tan amplias para el Poder Ejecutivo y la privatización de las empresas del Estado –que el peronismo dejó sin vender– sin mecanismos de control parlamentario, eran temas que iban a generar rechazo. Lo mismo con las jubilaciones o el aumento de las retenciones.

Con su habitual ira –o tal vez histeria–, el Presidente entró a desparramar amenazas y aprietes a diestra y siniestra, lo que le sigue sumando puntos en contra y hartazgos. 

Hay lío en la tropa. La diputada Carolina Píparo fue acusada de "traidora a la patria", lo que la legisladora definió como "prácticas fascistas". Otra diputada, Lilia Lemoine, negó haber firmado el proyecto para derogar la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Se corrió en un tema que en cualquier lugar trae polémica, ahora LLA incluida.

Hasta en Chacabuco las paredes –que tan sólidas intentaban mostrar– empiezan a agrietarse.

Milei es el mejor alumno de la casta: promesas incumplidas, discurso electoral que después cambia una vez en el Gobierno, enemigos irreconciliables que terminan en importantes ministerios, sumar a su gabinete al candidato de presidente de la Nación, en 2015, por el espacio político al que considera 'lo más nefasto que dio la historia de la democracia moderna", y soberbia desmedida en el poder.

Todo está haciendo que entre ese 55,65 por ciento de votantes, de a poco empiecen a aparecer arrepentidos. 'Cuanto más cerca del poder está, más conservador se vuelve un grupo político. Cuanto más se acerca un político al poder, más se aleja del cumplimiento de sus promesas de campaña', dijo para siempre el fallecido legislador, Raúl 'El Gordo' Baglini, uno de los más respetados dirigentes de la UCR. Milei confirma el teorema, a la vez que el país no está recibiendo ninguna señal de alguna indispensable mínima mejoría, en la eterna –y parece que cada vez más lejana– salida hacia el bien común.

Por Eduardo N. Carboni