"El uso de fitosanitarios permite atender las necesidades de alimentos de la humanidad"

  • Lunes, 08 de Abril de 2019 | Locales

POR EDUARDO N. CARBONI

La posición del ingeniero agrónomo, integrante de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa, es favorable a los cuestionados métodos utilizados en la agricultura. Para empezar, se refiere a los agroquímicos.

"Son productos que tienen toxicidad –explica–. En el marbete aparece una banda de color; verde, azul, amarillo, y rojo, éste con dos categorías: A y B. A medida que se sube en la banda de color, se necesitan menos dosis del producto para que tenga un efecto letal. Los primeros agroquímicos en la Argentina se empezaron a utilizar a fines la década de los 50 y principios de los 60. En esa época, como el problema eran los insectos, se usaban insecticidas organoclorados y organofoforados. Una ley de fines de los 50 establecía la necesidad y obligatoriedad de utilizar agroquímicos -que en ese momento se denominaban plaguicidas- por el riesgo de pérdidas de cosechas. En ese entonces había gran vulnerabilidad y existía el riesgo de perder una cosecha y que se produjera una hambruna. Argentina no era ajena a eso porque tenía problemas, como las langostas, que en la década de los 40 hicieron desastres en Chacabuco. Así, el mismo Estado promovía el uso de insecticidas para combatir las plagas. En 1964 se dictó una ley de este tipo en Córdoba porque los productores se resistían a utilizarlos por desconocimiento y tenían temor. Cuando se impulsaron esas leyes, todos los insecticidas eran  banda roja, había que utilizar una dosis muy baja para el efecto letal. Hasta se llegó a usar DDT, inclusive en el cuerpo humano. Había conocimiento de que eran productos que tenían un efecto letal importante, pero se desconocían los efectos a largo plazo. Lo que se encontró en los organoclorados es que los residuos quedaban en la cadena alimentaria. A partir de eso se prohíben, llamativamente en el campo, pero no para la salud humana ya que se utilizaban en piojicidas".

"A raíz de los estudios que se hicieron después de la mitad del siglo XX –continúa–, se empezó a trabajar y se descubrieron un montón de nuevas moléculas que hoy son muy específicas. Un organoclorado atacaba a cualquier ser vivo del reino zoo -que engloba a todos los seres vivientes que puedan ingerir alimentos-, en cambio los que se están utilizando hoy afectan a una ruta metabólica específica, lo que produce un control gradual de los insectos. El nivel de toxicidad de los insecticidas bajó muchísimo, se avanzó mucho en la generación de nuevos productos, tanto insecticidas, fungicidas como herbicidas, que tienen mucho menos impacto en su nivel de toxicidad, tanto para el ser humano como para el ambiente".

"La primera vez que llegamos a mil millones de personas en el planeta Tierra, fue en el año 1800. Desde diez mil años previos de historia -sin tener en cuenta la prehistoria- hasta ese año, llegamos a mil millones de habitantes. En los 200 años siguientes la población se multiplicó por 7,5: hoy somos 7.100 millones de personas. La expectativa de vida en 1800 era de unos 35 años, tiempo atrás, en el año 1, era de 28 años, o sea que en ese lapso subió unos seis o siete años. Desde 1800 hasta la actualidad, llegamos a los 70 años de expectativa de vida a nivel global. Cuando analizamos por qué pasó esto, aparecen las tecnologías que tiene que ver con la salud, que permitieron prolongar la vida y que el ser humano tuviese un mejor estado sanitario. Y por otra parte están los fitosanitarios que aseguraron la producción de alimentos. Si hubiésemos seguido produciendo alimentos como hace 200 años, hoy no alcanzaríamos a alimentar a toda la humanidad. Los distintos paquetes tecnológicos y los conocimientos aplicados a la producción agropecuaria permiten que hoy la humanidad se pueda alimentar enteramente. Además, la tierra es siempre la misma; no hay nuevas tierras productivas. El ser humano fue creciendo en número, pero la tierra productiva es siempre la misma".

Transgénicos: ¿héroes    o villanos?

El otro punto en cuestión son los transgénicos, de los cuales la gente en general parece saber mucho menos que de los agroquímicos.

"En este tema también tenemos que pensar en qué pasó con la agricultura –señala Tedesco–. Históricamente, el ser humano seleccionó pooles de genes. Cuando apareció la agricultura, lo que se hizo en algún momento fue seleccionar las plantas que mejor se adaptaban, el trigo fue una de las primeras que domesticó el ser humano. Eligieron las semillas que generaban el grano más grande y con más harina, así se podía conseguir más harina y hacer panes. Se fue buscando y otros trigos se fueron perdiendo, hubo una selección por parte del ser humano. En un momento, como las superficies estaban todas ocupadas, para alimentar a la toda la gente hubo que aumentar los rendimientos y se empezó buscar trigos que fueran más rendidores, que produjeran más kilos por hectárea. Se empezó a trabajar en el manejo y a elegir nuevos pooles de genes que permitieran tener mayor rendimiento para alimentar a más personas. La selección genética existe desde que el ser humano empezó a trabajar con la agricultura, y la agricultura permitió que existan las ciudades y todo lo que conocemos. Donde más se ve esta selección de genes es en la horticultura, que tiene una producción muy intensificada, y en la jardinería. Son producciones que tienen una intervención humana continua; la zanahoria que consumimos es anaranjada porque, en algún momento, la corona holandesa las seleccionó con el color de la familia real. Eso se propagó por todo el mundo, pero hay zanahorias moradas, blancas, amarillas, con distintos tipos de pigmentos. La diversidad es impresionante, pero en el mundo se propagó la anaranjada porque para mostrar su poderío y capacidad tecnológica los holandeses empezaron a servir las de ese color. Eso mismo ha pasado con un montón de vegetales que hoy conocemos, e incluso animales. La selección genética existió siempre, lo que fueron variando son las técnicas. A mediados del siglo XX apareció la tecnología del híbrido. Como ejemplo tenemos el maíz, con mayor rendimiento, y aquellos pollos doble pechuga. Aparecieron estas tecnologías y se empezaron a aprovechar estos conocimientos en genética". 

"Las técnicas de selección siguieron evolucionando hasta que se encontró la posibilidad de encontrar un gen de interés de una especie y ponerlo en otra. Eso fue a principio de los 90. El caso más emblemático es el de la soja RR, que es resistente al glifosato. Se encontró una bacteria resistente al glifosato y ese gen se lo introdujo a la soja. La soja RR es la que se siembra en el 99 por ciento de la Argentina y de la mayor parte del mundo ya que hoy se puede aplicar glifosato sin que la soja se vea afectada, pero sí afectando a las malezas. Entre las técnicas que aparecieron desde 2000 en adelante hay una que se llama Crispr, que es la edición génica. Hoy es posible meterse en el genoma de una especie y editar un gen o conjunto de genes, de manera muy específica y buscar las características que se pretendan conseguir. La transgénesis es una tecnología que ya se superó y hoy tenemos la tecnología de la edición génica. La diferencia entre un producto genéticamente modificado (GM) y otro no modificado por el hombre, es que en el caso de los GM tenemos un estudio pormenorizado del genoma de esa especie y podemos saber qué va a producir cada base de ese genoma, permite establecer las proteínas que va a producir. Si hay alguna proteína anómala, que podría ser potencialmente peligrosa para el ser humano, se puede corregir, de hecho es lo que se hace en la edición génica".

También poniendo como ejemplos hechos de la historia, Tedesco apunta: "En el caso de los tipos de selección más tradicionales, hay mutaciones que se dan de manera espontánea, pero no se sabe qué pasa dentro del genoma, por lo tanto hoy es mucho más seguro un producto genéticamente modificado, que un producto que viene de una mutación de origen natural. Antiguamente, las mutaciones de origen natural se probaban a través del consumo y si aparecía algo que podía ser dañino, recién ahí se tomaban precauciones. En el siglo XVIII, en Inglaterra, habían seleccionado papas por el tamaño del tubérculo, pero el problema de esas papas grandes es que producían mucha solanina, que es un alcaloide muy tóxico. A causa de eso, mucha gente se intoxicó y algunos murieron; se seleccionó por una característica externa, pero internamente se desconocía que producía ese elemento que es muy tóxico. En jardinería hay mucha mutación espontánea, que como no tiene riesgos se utiliza y se multiplica por sus características ornamentales que le gusta a la persona que selecciona. En el caso de la edición génica, hay una mutación controlada. Se la cuestiona porque hay desconocimiento respecto de esto y en algún momento, sobre todo cuando aparecieron los transgénicos, se acusaba a los científicos de jugar a ser Dios por sacar un gen y ponerlo en otro lado. La realidad es que eso fue el inicio para llegar luego a la edición génica, que es una tecnología muy prometedora. Pensando en un futuro con un planeta superpoblado, con procesos industriales que requieren mucha energía o generan una polución muy importante, muchos de esos procesos se pueden hacer dentro de una planta, utilizando solamente la energía del sol. Y eso se hace con edición génica. 

La Argentina, destacada

Sobre nuestro país, dice: "Argentina es referencia en lo que tiene que ver con edición génica. El Indear -un instituto público-privado-, junto con la Universidad del Litoral, desarrolló un gen resistente a la sequía. En un contexto de cambio climático, todos estamos esperando que se apruebe ese trigo. ¿Cómo se hizo? Fue transgénico; sacaron un gen del girasol, que tiene buena tolerancia a la sequía, y se lo colocaron al trigo. Fue una investigación que hizo Raquel Chan, que es una científica argentina de la UNL, lo que le permitió a la Argentina generar un trigo como el HB4. En España, por edición génica, se desarrolló un trigo apto para celíacos. Sin perder las características propias del trigo para producir pan, puede ser consumido por celíacos. Eso se pudo desarrollar gracias a la edición génica.

–¿Por qué casi no se ven abejas, luciérnagas y flores de manzanilla?

–La población de luciérnagas bajó. En el campo se ven, pero no como antes. No hay un uso tan generalizado de insecticidas que puedan afectarlas, no ha habido plagas que aparecieron, se aplicó insecticida y luego bajó la cantidad de luciérnagas. Desconozco la razón, pero tampoco puedo decir que esté relacionado con los agroquímicos. Respecto de las abejas, lo que pasó en nuestra zona, que era muy apícola, es que hace treinta años había mucha pradera, que es un ámbito en el que hay mucha flor: flor de trébol rojo y blanco, flor de alfalfa, plantas espontáneas, como la manzanilla, y otras que aparecían en las pasturas. Lo que pasó fue que el cambio del uso del suelo. En los últimos treinta años Chacabuco pasó de zona mixta a netamente agrícola y todo lo que es ganadería se confinó mayormente a los feedlots, entonces bajó la cantidad de pradera. Entonces, muchos apicultores tuvieron que mudarse a producir a otras zonas porque no hay flores. El trigo produce una flor que no atrae a las abejas, lo mismo pasa con la soja y el maíz. La reducción de las abejas se debe principalmente a eso. Pero hay zonas que siguen teniendo muchas abejas, como La Pampa, donde hay mucha flor de monte. Acá hubo, en algunas campañas, intentos de establecer la colza, que es un excelente cultivo agrícola para la apicultura. En las zonas girasoleras también es común el uso de apicultura. La colza es un cultivo complicado en el mercado, por eso se produce poco. A la manzanilla es común verla en las orillas de los caminos. Antes había más en la ciudad porque estaba menos edificada, había más terrenos baldíos, había más pasturas en los campos, que favorece su crecimiento.

Tomar conciencia

"Es importante tomar conciencia de cómo se usan los agroquímicos, fitosanitarios o domisanitarios; y entender los riesgos que entrañan, para no correr peligros en el campo ni en la ciudad, porque básicamente son los mismos productos –advierte el ingeniero agrónomo–. No usarlos también atentaría contra nosotros, deben utilizarse de manera correcta. Desde que se utilizan, la esperanza de vida no dejó de crecer, tanto en la Argentina como en el mundo. No hay una correlación directa entre el uso de fitosanitarios y una amenaza en la esperanza de vida de las personas, todo lo contrario. La esperanza de vida no dejó de crecer a pesar del uso de los fitosanitarios, es un temor que la gente asocia a las pulverizaciones que se hacían en épocas de guerra y se asocia con esa imagen muy negativa. El uso de fitosanitarios sí nos permitió aumentar la producción y que haya alimentos en cantidad y calidad para atender las necesidades de la humanidad".