Periodismo, responsabilidad, sensatez y empatía

  • Domingo, 20 de Febrero de 2022 | Locales

POR EDUARDO N. CARBONI

Las nuevas tecnologías, internet, el mundo digital han beneficiado notablemente al periodismo. En este contexto, los medios de comunicación social de ciudades chicas como la nuestra se han beneficiado en distintos aspectos. Un simple ejemplo es la fotografía; el mundo digital aportó cámaras que hoy nos permiten, según la tarjeta de memoria que porten, cubrir un acontecimiento con la posibilidad de tomar centenares –o miles– de imágenes que en cuestión de minutos pasarán a una computadora y de allí a ilustrar una nota también en un tiempo mínimo. Años atrás se necesitaba, para el mismo fin, una gran cantidad de rollos de película, un laboratorio de revelado y todo el proceso necesario para llevar la foto a la página de un diario. El proceso era costoso, complejo y lento para un medio de pueblo.

Otro gran salto fue la posibilidad de la inmediatez. Cubrir un hecho en vivo en directo con imágenes estaba limitado a los canales de televisión que contaran con el presupuesto y la tecnología suficientes como para llevar al instante el suceso al espectador. Hoy, basta con un teléfono celular.

Esto último, objetiva mente, es un gran aporte, una muy buena herramienta en un periodismo digital al que aún nadie le ha encontrado la vuelta, pero a la vez se torna peligroso si se pierde de vista cuál es el rol del comunicador social que aún en tiempos tan cambiantes como los que corren debe seguir sosteniendo la responsabilidad, búsqueda de la objetividad, el sentido común y la ética periodística.

Todos (o casi todos) los periodistas abordamos una noticia con las célebres, elementales y efectivas cinco W –what, who, where, when y why, o qué, quién, cuándo, dónde y por qué–, en cada uno está cómo llevarlas a la práctica y es ahí cuando en el asunto entran en juego las subjetividades y algunos intereses, que no siempre suelen llevar consigo la probidad que se requiere en la riesgosa tarea de la comunicación social.

Se dice que las redes sociales han democratizado a la información, al periodismo al que hoy cualquiera puede practicarlo, y ahí radica el asunto. Acerca de es to, Delia Rodríguez, subdirectora de audiencias de Univisión y colaboradora del El Diario, de España di ce que 'hay que tener en cuenta, además, que la rapidez de la información digital -una calidad apreciable y valorada en los medios- tiene su lado oscuro: impone un ritmo tal que impide el análisis y la reflexión pausada, necesarias para llegar al conocimiento integral de los hechos. Así la instantaneidad propia de lo digital impide la información integral y profunda que siempre exige tiempo. El buen periodismo nunca es instantáneo, requiere tiempo como todas las actividades de la inteligencia'.

'Los elementos e informaciones que se mueven en las redes sociales –agrega– constituyen un medio ambiente de irreflexión y superficialidad en que el periodista pierde gradualmente su capacidad de análisis, su agudeza para investigar y su ejercicio crítico'.

'El uso que el periodista haga de esta tecnología para aprovechar sus potencialidades –advierte–, puede hacer de lo digital un aliado del buen periodismo; pero si solo utiliza ese poder para hacer más fácil y rentable su trabajo, el resultado será un periodismo sin calidad. En el uso de la tecnología el factor decisivo no es el aparato, sino quien lo usa'.

Carrera hacia ninguna parte

Es lado oscuro se la inmediatez se está haciendo presente en nuestra sociedad chica. La carrera por la primicia y por la mayor cantidad posible de me gusta alcanzados está atentan do contra lo esencial de la información: responsabilidad, certeza, corroboración de la veracidad de la información. El vértigo autoimpuesto, la búsqueda del gancho, la carrera a cualquier precio por el dato que la competencia no tiene, nos está adentrando en las torrentosas aguas del caudaloso río del periodismo amarillo y del sensacionalismo. En nuestra ciudad, lo ocurrido con la joven presuntamente violada, la cual ingresó luego al Hospital Municipal para su atención, avivó las luces de alar ma.

El tratamiento del caso por parte de un par de medios locales generó rechazo en distintos ámbitos, entre

los cuales se cuentan a periodistas que consideran que hay límites a respetar al momento de informar, o mejor dicho, que debe haber límites en la comunicación social.

Por el momento, el caso está en etapa de investigación, por lo tanto debe hablarse de presunción. Con lo que el título 'Violación en masa' es, en el mejor de los casos imprudente. Una publicación del Ministerio Público Fiscal de la Provincia de Salta recomienda a los periodistas, para este tipo de casos, 'proteger la identidad de la mujer o de la niña víctima de violencia (no precisar detalles que pue dan identificarla) y solo utilizar sus datos si se cuenta con su autorización porque se la puede poner en riesgo'. También, 'evitar narrar detalles innecesarios sobre el caso, o los modos en los que se ejerció la violencia'.

Además, se sugiere 'diversificar y chequear las fuentes; consultar a personas especializadas en violencia contra mujeres y niñas, y no con exclusividad a fuentes policiales o personas que refieran a la vida privada de la víctima'.

Si se trató de una violación, es imprescindible proteger la identidad de la víctima, no podemos sumarle al trauma vivido la exposición pública. Dicho en términos coloquiales, nada bueno le aportamos de esta manera, quienes deben trabajar en el tema son quienes se han preparado para ello. Y si es tamos ante relaciones con sentidas, ¿qué estaríamos buscando al exponer públicamente la vida privada de una persona?

No es verdad que al público hay que darle lo que quiere; es lamentable buscar la superación a la competencia a cualquier precio, con algunos daños colaterales que no revisten mayor importancia. Hay que priorizar la responsabilidad en la comunicación social, para lo cual además de oficio, ubicación y sentido común se requiere empatía, respeto por el otro y conocimiento del alcance que tiene cada información que hacemos pública. Queda aún mucha gente que tiene la costumbre de creernos porque somos periodistas; no es sencillo alcanzar credibilidad,

mientras que perderla se consigue muy fácil y rápido. Cada uno sabrá qué pretende de su rol en la sociedad.